Y mirábamos el aire e imitábamos su voz,
No sabíamos que el tiempo bailaría rudo
Tomado de nuestras manos
Cuando amaneció esta mañana
Solo se veían nuestros ojos
No frenamos nada más que al universo
Y así es como aún no se hace de noche
Espacio rozado, sintiendo el recuerdo, presentación de las visiones...
“Un hombre recorre una sala vacía, impregna las paredes con sus cuadros queridos y los muebles de sus abuelos se desparraman como naipes. Ahora busca otro recinto, esta vez aumenta la apuesta y cambia la ventana existente por una más grande desde donde pueda verse el bosque de alerces que dará sombra a sus tardes. Dos horas más allá, en la cocina, monta todos los utensilios, artefactos y cortinas; sobre la mesa un mantel y en la heladera los imanes de colores.Ella acomoda la ropa en el cuarto. Había entrado primero en la casa y eligió sin demasiadas vueltas la habitación que dejaba entrar más luz. Hermosa vista del verde virgen de un sueño…”

Mientras viajaba te recordaba
Mientras tu recuerdo vivo moría
Mientras las manos que ayudabas
Para que permanezcan unidas
Por necesidad se tomaban.
No busco tus eternas señales
Busco un destino que nos espere
Uso mágicos aprendizajes
Que espero que no me dejen
Y ruego que no me dejes.
Veo a tus mentiras
Corriendo y escondiéndose
Veo un sol bemol
Madrugadas resplandecientes
Parecen derrotar, las luces,
Tus palabras inocentes
Se hacen cenizas! las veo volar!
Como tiza sacudiendo el borrador
Demasiado salón triangulado lógicamente
Veo lo que intuía
Como quema cuando hierve
Nunca lo sentía
Por esconder placeres
Es engorroso en marcha atrás y conversando
Va embarrando las palabras
En poesías te encerré
Y estas, estás, estás mintiéndome
Al final lo que obtenés es igual a lo que ofrecés
Estás desvaneciéndote
Y vas, y vas, y vas seguís mintiéndote
Yo espero en mi lugar, vos jugás con tu poder
Hasta que den las doce

Tengo poca esperanza en que todos tengamos el mismo punto de vista. A modos distintos de vivir, de instruirse, de pensar, existen distintos puntos de vista. Y viendo esta imagen pienso en las diferencias y en las diferencias que crean las personas.
Las diferencias entre razas, si cierro los ojos no las veo.
Las diferencias entre nacionalidades, si miro las sonrisas de las personas viendo humor mudo no las veo.
Miré este mar mezclado con este cielo, el gris y el verde azulados. Nos vamos mezclando y hay distintos momentos y situaciones que nos agrupan y nos hacen familiares.
Tengo poca esperanza… pero no la pierdo.
Fraseando en otros recuerdos esquivé al menos diez veces esta anécdota, renombrando falsas hazañas o simplemente comentando el estado del clima. Me arrinconó una foto que encontré abrazada a mis borradores. Ahora, a mis setenta y seis años, veo divertida mi “dicha”. La foto está en perfecto estado de conservación; es en blanco y negro pero pura y exclusivamente por haber sucedido de esa manera.
Mi tía estaba descubriendo la fotografía y realizó una serie de tomas de contornos de la ciudad. Cosas que vemos pero no miramos. Los autos se deslizan como turbas incansables de hojas y mi tía pulsaba, e instantáneamente se inmovilizaban. Era como un juego de estatuas. Lo maravilloso era retener el momento en un recuerdo, cerrar los ojos y permitir a los aprendizajes anteriores voluminizar la imagen. De pronto girar y, con los ojos aún cerrados, nombrar la imagen a veces a los gritos (éste recuerdo en particular me produce emoción extrema y sonrisas). ¡Magia! Fijaba las fotos en mi memoria.
Por ese tiempo me dedicaba mucho a ser niño. Imaginate, rondaba los nueve años y tenía una energía que hoy envidio. El caso es que no la acompañaba siempre que salía a inmortalizar la ciudad, pero procuraba no faltar al momento en que se podía comparar el recuerdo con la foto. Era así como encontraba esquinas de la ciudad que no conocía…
Me despertaré agitado una mañana, con la respiración acelerada, tomaré el teléfono y responderé tus preguntas sin espesar el aire. Mas tarde te daré las gracias por escucharme. Pero no quiero adelantarme, el tiempo te hará escucharme y agradeceré.
Los años me harán decir las mismas palabras, quizás con distinta expresión en el rostro y voy a ser el mismo, con la misma oración.
Unos cuantos inviernos convertirán a los ruidos en sonidos agradables. Y nuevas posibilidades en mentiras. No me impaciento… te conozco.
Mi abuela dice que hay en sus macetas
Vida que espera
Mi abuela no se sienta a esperar
Confía en la naturaleza
En sus jardines, bajo el sol
No crece solo lo sembrado
Mis hermanitos y yo
Crecemos mucho sin notarlo
En este patio te cuidan
La lluvia, el sol y la vida
Las plantas crecen fuertes en su tierra
Mi abuela se esmera
Cansados cuando el sol cae nos vamos
Cuando se alza nos despierta
Trabajé mucho al sol
En este sábado
El tiempo no me alcanzó
En sueños estaré intentándolo
El aire es sano en el club
Y estoy muy cansado
Voy a bañarme y comer
La ropa quedará en mi cuarto
Sé que no es lo mismo que otra vez
Hoy me siento demasiado muerto
Y mañana a trabajar de nuevo
Se quedó como cayó
Después del sábado
Por los pasillos quedó
Y mamá la fue levantando
Ya sé que no es lo mismo que otra vez
Hoy me siento demasiado muerto
Y mañana a jugar de nuevo
En mis anhelos vuelan pájaros
Agitan sus alas azul cielo
Las aves subliman la tierra que ando
Y veo como entro en la burla del tiempo
Despedime con versos
Que el día se alarga cada vez que me pierdo
Cuando los sauces se estiran a tocar el suelo
Mientras las aves subliman la tierra volando
Confiscaron mis poesías, tiraron la ropa por la ventana. Cayeron más señales desde alguna mente (o boca), pero solamente estas pocas redondearon la idea que tenía:
• Las matrices de mis pensamientos son desordenadas.
•La matriz de las matrices de mi pensamiento es ordenada,
nada que temer. Hay una línea alineando a las líneas que en realidad: ¡¡no alinean nada!! Y así comprendí como sacando de mis manos mis creaciones y mis adquisiciones igual estoy acá desnudo, creando sin papel ni guitarra.
Reconoció sus dedos una vez apoyados sobre el tapizado del asiento. Algo produjo un alud de poesías improvisadas. Reaparecieron su juventud y todos los aromas de los viejos tiempos; fue una confrontación sincera en la que no queda claro si los aromas trajeron a la juventud, o si la juventud trajo los aromas, si llegaron juntos o si su propia, y simple, presencia colocó cada cosa en su lugar, en su tiempo y en sus sentidos creando este universo tan placentero.
Ahora ella se despierta convencida ya de no poder arrastrar más el sueño. Él la miraba fijamente como intentando despertarla desde hacía poco mas de quince minutos. Al fin su deseo se cumplió y desataron sus sonrisas al mismo tiempo.
No esperé que cayera el sol. No pude hacerlo. El pesado recuerdo sobre mis hombros impedía sostener la atención en los apacibles sonidos de la paciencia.
-“Tranquilo…”
No paraba de repetirme la mentirosa palabra, incontenible, fugaz, inalcanzable.
-“Tranquilo…”
Los pasos aparecían y se sucedían unos a otros en unos períodos definidos. Podía suponer que se trataba de excesos de mi conciencia. Trababa mis ideas intentando descifrar el pulso de mis pasos.
- "Izquierda, derecha, izquierda, derecha..."
Armonioso. ¡¡Parecían segundos!! La mágica voz interna daba leña en la incendiada caldera de la impaciencia. Y yo, racionalmente, sin reparar en el apuro, me repetía en susurros mentales:
-“Tranquilo…”
Ni triste ni feliz. Ocurren los segundos y la temperatura descendió bruscamente ¡¡¡Ya puedo recordar el invierno!!! Tiempo atrás no podía hacerlo, por eso hoy la sorpresa. Ahora lo que si me sucede es que fácilmente puedo pensar en el calor. Recuerdo la hermosa sensación de poder salir al patio y respirar el fantástico aire templado, mirar el cielo. Estrellas en el cielo, insignificantes sonidos de la ciudad a lo lejos y el ronquido del sol que no deja dormir a alguna luna desvelada.
“Permitime sonreírte con los ojos cerrados y decirte palabras especiales... elijo cada una de ellas y muy despacio las dejaré salir.”
Que momento grato. Sentí como en este invierno frío pude aparecer en el calor con esta frase anterior. La brisa tibia tocó mi piel y hasta siento tu sonrisa mientras leés.
Voy a hacer de cuenta que no llueve…
“Dame mas de esas cosquillas. Si la tierra pudiera leer esto, te aturdiría dejando caer hojas verdes sobre tu cuerpo. Si esos árboles que nos miran supieran cantar, harían el sonido del viento cada vez que nos acercáramos. Pero nada de eso sucede. Te traje hasta acá para que me hagas reír. Que lástima que no tengo un espejo, pero creeme lo que te digo.
Vi tu sonrisa infinita
Vi hojas precipitando
Cerré los ojos, sentí tus labios
Y las cosquillas de tu presencia
Mientras los árboles cantaban
Estoy sonriendo.”
Esto sucede durante el transcurso de un pequeñísimo día. Una persona observadora no podría notarlo, supongo. El caso comienza cuando Helena, en una de sus cavilaciones, contuvo movimientos y pensamientos luego de las 11:57 PM. Pasaron dos minutos en este proceso de especulación y los motivos de su retorno a la realidad no podía darlos el monitor destellando la pantalla de inicio de Google. Nada para buscar, nada para descubrir, no en este vacío mental.
Treinta segundos más. La cortina que se mueve con una suave brisa y atrae su mirada. Sin pensarlo siquiera, vuelca su atención con su mirada aun perdida y realmente nada anormal. Otro movimiento. Ahora es la puerta y en el mismo estado vuelve a rotar para ver sin ver y es ahí cuando retorna a prestar atención al monitor a la hora indicada.
Las letras de Google cambiaron de lugar. Las letras se transformaron muy lentamente, adquirieron una especie de piernas y lentamente comenzaron a movilizarse. Era muy pesado su andar. Torpemente se empujaban con unos brazos que también les habían crecido. Se reacomodaron con otra configuración de colores y tomaron la forma de la letra de la posición que habían tomado. Apenas un minuto les tomó cambiar.
Helena comprendió que no era estilo suyo ver este tipo de situaciones extraordinarias. Se vio incluida en un hecho difícil de transmitir (sin pasar por desquiciada), entonces se propuso volver a esperar nuevamente el instante.
Las ideas irrumpían en cada tiempo sin charla y nada había para ir contra ello; todo el día pensando en esperar la media noche frente a la pantalla de Google. Y las horas pasaban lentamente con un sarcasmo que no le causaba ninguna gracia. De todas formas el tiempo iba a pasar y eso la amansaba.
Llegó el esperado momento y al menos antes de comenzar a esperar frente al monitor anotó los colores de las letras y se quedó aun mas tranquila. El tiempo se deslizó sobre el contador de días y desplazó del cinco al seis el almanaque. Nada ocurrió. No hubo el esperado cambio de guardia. Las letras y los colores permanecieron en el mismo lugar. Tampoco Google encontró un aniversario o hecho relevante para recordar con una imagen distinta.
Sin dar demasiada importancia a lo sucedido decidió solamente dedicar cada noche unos minutitos a someterse a la observación en búsqueda de terminar de develar esto que para ella era un misterio. Fue así, cada noche unos minutos y… nada… nada… nada.
Las letras, que habían cambiado de forma, se humanizaron (formándoseles piernas, brazos y moviéndose), retomaron su forma de letras y tomaron nuevas posiciones, contuvieron para siempre su estado. Nuevamente son estatuas digitales, precisas.
Se refiere a la soltura que uno tiene en sus hazañas. No porque sí el texto acostumbra a subrayarse, a sobreactuar su pulcra voluntad en busca del impacto. Así suele hacerse la personificación del delirio de algunos, trasvasado a ficción en otros donde pierde en esencia la fluidez del desplazamiento suave de las palabras azarosamente seleccionadas.
Me refiero a traducir una imagen prácticamente inexplicable sin utilizar ritos ni protocolos. Me refiero a obviar los postigos y marcos de cada ventana que se abre. Dijeron que me encontrarían de ojos añorantes de pasado, de porvenir objetable y de sonrisas escasas. Y acá estoy, sediento de aventura y mirando golosamente las mesas llenas de novedades.
Ponerse de pie al hablar y no fijar la vista. El entorno es profundo y no hay estaticismo en ningún objeto; ¡¡¡¿por que detenernos?!!! La voluntad también se ejercita y tiene inercia inimaginable. Entonces comencé a no parar...
Veras en los misterios pequeños claros y puertas del tamaño de tus propias ideas. Veras los brazos de tus pequeñas ideas abrazando a las personas, buscando donde hacerles cosquillas, llamándolas con susurros con sabor a manzana.
"No paraba de llorar y mirarte
cuando nos vimos por primera vez.
Sonreí tiempo después por el placer de imitarte.
Y tu calor,
otra de las sonrisas que expresaba tu cuerpo,
supo afirmar nuestro sincero reflejo."
Devora sus horas
En la calma de esta vida que se agita en su frecuencia
Va confesando sus secretos
Gotea otra sangre y gime vergüenzas
Nos imprime terror
El invierno no congela su sangre
El infierno no quema como sus filos
Da envidia su camino que sigue prolongándose
Da orgullo alejarse
Soy cada pájaro
Que muere en el frío invierno
Soy cada río
Que se detiene congelado
Tengo recuerdos
Y van borrándose gastados
Pero no lloro mirando las agujas
A veces las horas las paso hipnotizándolas
Me despierto al vuelo
Cada primavera nueva
Acunado en mi cauce
De novedades rodeado
Pero no lloro releyendo palabras
A veces las horas las paso ilustrándolas
Y casi parecen recuerdos.
.
La cena se enfriaba en la mesa, el mantel, la luz. Una sonrisa lo colorea, es espontánea y logra sacarlo de la tristeza. Otra vez imaginaba como se enfriaría una cena en una mesa, nuevamente amansando la fantasía. Recuerdos que desde lejos llenaban sus ojos. La enérgica poesía que no suelta al presente, los aromas adolescentes que no pueden escurrirse, las caricias de su caminar suave.
Yo no entiendo como puede sobrevivir, porque otra lágrima vuelve a recorrer pausadamente su rostro; otra noche vuelve a suceder.
Llora y piensa que el pasado narró un desencuentro aun mas frío.
Me di vuelta otra vez en sueños, el enredo que produjo mi giro sacó la sábana por completo del colchón. No advertí absolutamente nada; la luz tenue, el susurro de la noche y el perro en silencio, dormitando. Su aliento (y roce) me dieron una comodidad de hogar que ni los malos sueños me perturbaban.
Media vuelta mas hacia la izquierda, una incontenible sucesión de imágenes y, sin color, el olfato que ya construía siluetas táctiles. Mis manos no fueron mis manos pero si concretaban mis deseos.
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Las pequeñas imágenes que dejan las fiestitas. Luces de colores para el pueblito, o ciudad reina. Enmascarados en bicentenarios y esperanzas de triunfar en torneos masivos dejan esperando a algunos urgidos.
Cientos de personas pisaron la plaza de mayo para ver la repetición del espectáculo en láser y audio sobre el cabildo de Buenos Aires. Rodeé la plaza por Florida, Perú y Adolfo Alsina. Evité perder valiosos minutos y llegar tarde a mi compromiso. Gente rara, exposiciones raras de ropa sobre el suelo de Florida. La música se escuchó presente hasta que nos alejamos lo suficiente por Bolívar.
Al regreso, hasta la casa rosada, para tomar el 146 de vuelta, quedaron los residuos. Recordé un dato que había obtenido en cierta charla acerca del cabildo. El cabildo fue mas largo, lo recortaron por necesidades civiles y ocultaron la necesidad con los costos de conservación de un edificio “vetusto”. Me lamenté.
Los montones de papeles que se acumulan donde el viento no los mueve, vallas por todots ladots (esta es una cita a la forma de hablar de un hijito mío) y la imagen desierta de la plaza. Por la emoción de los recuerdos mi mano se agitó con la fotografiadora disparando. Obtuve esta hermosa fotografía rara. Espero que la disfruten.
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Más… a las histerias de la creciente ira del tirano, que abre los caminos a gritos encendidos, y palabras endemoniadas. Dará tregua a su desprolija mente, dará pan a sus sueños hambrientos, amor a su piel y a los mendigos monedas.
Más… muecas a la envidia que refluja en gran cantidad de ojos que no quieren ver. Quien no es paciente en la espera hoy ve a monarca derrocado, aplacado, estremecido. Y vuelve a alzar la copa que, solita, esa singularísima personita compró. Pidió el trofeo más grande y oneroso que existiera y extrajo de sí una sonrisa de “revista CARAS” mientras el flash no disparaba.
Salud a la confusión, alza su copa alto el perdedor declarado. En el remolino de onzas de palabritas cochinas desmenuza el definido escenario. Sentado como indio saborea los personajes mientras llora. Lágrimas dulces, mezcladas con poesías de amor hacia vientos nuevos, brisas realmente nítidas y serenas. Sentado sobre la tierra pulverulenta, de cara al sol, el sol tibio de junio.
Todo su ser habla y él mismo ve a la contención como herramienta pero no como camino. Es solamente una buena manera de hacer suceder grata la espera. Las luchas de la indecisión. Ningún dios está sobre la tierra.
Que la pálida expresión no solidarice a los observadores… recordemos el maligno individuo escondido en este hombre.
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El viernes pasado hice un mini recital con una ayudita de mis amigos
Gracias a los que me acompañaron musicalmente
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