
Mis gigantescas rocas , en cambio,
Hacen sombra en el valle y eco de mi fe,
Y de mí el papel que implora tus manos.
Sobran motivos para agradecerte el cielo
Y tus innumerables horas de creación
Entre el suelo irregular y tus brisas de enero
Queriendo con llamas invocar algún Dios.
Que será del pelo que queda en la ciudad?
Y que del cansancio creado con tal crueldad
Y de la realidad esperando al final del camino?
Que será de mis fantasías abandonadas como perros
Y de la desesperación, fiel compañera de hecho?
Vendrán a tomar sombra al río. Siempre conmigo.